Mi Historia – Parte II

El 9 de agosto del 2019 publiqué en mi blog una entrada llamada “Mi Historia – Parte I”.

En ese escrito, hacia el final digo: “He llamado a este post “Mi Historia – Parte I” porque estamos en la segunda mitad de 2019 y es ahora que empiezo a construir la segunda parte de mi historia como Coach Financiero”.

Si tan solo hubiera sabido entonces lo que iba a pasar después

Para hacer más dinámico este post he incluido algunas lecciones que fui aprendiendo en el camino que te pueden servir para tu propio crecimiento.

De vuelta a la historia…

Parece que estos casi dos años han sido más potentes que todo lo que había vivido hasta el momento.

Alrededor de esa época, mi mamá me hizo una pregunta: “¿Por qué tú siempre hablas de tu vida como si hubiera empezado en 2011 cuando llegaste a Chile? ¿Qué hay de todo lo que viviste antes?”

Gran pregunta.

Le di respuesta a través de un proceso muy difícil:

Todo empezó el 29 de junio del 2019, estaba en Mindvalley University, en la ciudad de Pula, Croacia. Esa noche era la fiesta de inauguración del evento, se llamaba “New Beginnings”, Nuevos Comienzos en español. Desde que me estaba preparando para esa fiesta, empezaron a pasar cosas que la razón no podía explicar, una señal por aquí y otra del más allá por acá. Fue como si estuviera entrando en otra dimensión.

Voy a hacer el cuento muy muy corto, porque si no pasaré el día escribiendo todo lo que ocurrió esa noche…

El evento empezó con una intención. Yo estaba en pareja con una chica de Hungría, cada una tenía la mano puesta en el corazón de la otra, mirándonos a los ojos, pasando la energía de un pecho al otro teníamos que pedir al universo lo que queríamos obtener de ese nuevo comienzo.

Creo que es la primera vez que pido algo con tanto fervor, dije: “Por favor ayúdame a encontrar paz, he hecho de todo, he logrado muchas cosas, pero algo me tiene muy intranquila y no sé qué es, estoy perdida. Ayúdame por favor, te prometo que estoy dispuesta a pagar el precio que sea por encontrar esa paz”. En ese momento no pude contener las lágrimas.

Ipso facto, como si yo solo hubiera movido una varita mágica, TODO empezó a pasar, en ese momento no vi ninguna magia, solo problemas y ésta es la primera lección que aprendí: “El día que le dices al universo que estás en la disposición de cambiar y éste te toma la palabra, agárrate, porque lo que se viene es pura candela.

Verás, lo que conté en “Mi Historia – Parte I” es el resumen de 8 años de crecimiento, desde 2011 hasta 2019, pero en 2011 yo tenía 24 años.

Veinticuatro años que fueron tan intensos como estos últimos 8 años, pero veinticuatro años que quería borrar. De alguna manera, yo, literalmente, los eliminé de mis archivos de recuerdos, eran algo en lo que ni siquiera me permitía pensar.

Segunda lección: “Encontrarle definición a la estupidez del borrón y cuenta nueva. No se puede solo dar vuelta a la página y listo, aunque no se piense en el pasado, todo termina por alcanzarte”.

Yo no le huía a mi historia personal, eran cosas que me habían pasado y que muy abiertamente podía comentar en cualquier conversación, pero siempre era desde lo racional, de la boca para afuera, pero nunca desde un lugar tan íntimo y personal.

En algún momento de septiembre de 2013 me dije a mi misma: “Esto se acabó, doy vuelta a la página, sigo con mi vida” y así lo hice, cumplí mi palabra, pero en algún momento tenía que detenerme a mirar hacia atrás y hacer las paces con mi pasado.

En ese entonces, Gonzalo, mi esposo, sabía que yo no estaba bien, él siempre sabía todo, porque se me notaba y porque yo también lo decía en voz alta: “Algo tengo, pero no sé qué es, algo tengo, pero no sé qué es, algo tengo pero no sé qué es”.

Fueron muchas las veces que me dijo: “Quieres llorar, hazlo, permítete llorar, por favor llora”, pero yo estaba bloqueada, sentía unas tremendas ganas de llorar, pero no podía hacerlo. No podía llorar conmigo y tampoco podía llorar frente a él.

Lo que me pasaba iba mucho más allá de cualquier proceso personal que había librado hasta el momento y no sabía cómo enfrentarlo, estaba aterrada. Sabía que tenía que pedir ayuda, pero no quería hablar con nadie a mi alrededor porque sentía que nadie me podría entender y le tenía terror al juicio.

Tercera lección: Mis problemas no son únicos ni exclusivos, no soy la primera, ni la última a la que le pasarán”.

Decidí hablar con Sebastián, era la única persona en este mundo en quien sentía confianza. Seba es la persona que me enseñó a manejar mi energía desde 2015, es quizás una de las únicas personas que me ha visto por quien soy de verdad, detrás de todas mis caretas y que sin vacilar me lo ha dicho sin pedir permiso. Eso me hacía confiar, yo necesitaba ponerme frente a alguien que pudiera ver detrás de toda mi caca personal y se atreviera a decírmelo. Alguien a quien no pudiera responder al interponer mi inteligencia.

Solo a él le confié en ese momento mis monstruos más temidos.

De todo lo que conversamos, me dijo algo que atesoraré por el resto de mi vida: “Waleska, llegó el momento de ser honesta contigo misma”.

No te miento, cuando me lo dijo me sentí insultada, jajaja, hoy solo puedo reírme de mí misma.

Cómo era posible que Seba me estuviera diciendo eso, o sea, yo, Waleska Cerpa, acaso no sabía con quién estaba hablando, quién más honesta que yo, que hago lo que digo que voy a hacer, que siempre he cuidado la congruencia de mi palabra.

A lo que me dijo: “Sí, Wale, tú eres honesta con los demás, tú siempre cumples con tu palabra, pero tienes que ser honesta contigo también porque no sirve que hagas todo por y para los demás, primero tú. Cuando logres ser honesta contigo tu crisis va a pasar, no antes”.

Pues, ¡vaya tarea la que me dejó Sebastián!

¿Cómo negarme? ¿Acaso no soy la chica candela, acaso no me ven así los demás?

Era hora de echarle candela a la honestidad, saliera lo que saliera.

Vi la película “Un monstruo viene a verme” y no pude parar de llorar, el mensaje de la película era claro, el monstruo me gritaba a mí y me trajo la cuarta lección: “Debo decir la verdad”.

¿Pero cuál es mi verdad?

No quería verla, porque no era una, eran muchas.

Y para qué estamos con cosas, la verdad duele muchísimo cuando nos hemos mentido durante tanto tiempo para ocultarla y tratar de sentirnos bien.

Ya estaba en este proceso complicado, rebuscado, tenebroso, lleno de mocos y lágrimas, no podía detenerme, aunque me doliera como que moría tenía que seguir, si me moría pues ése sería el resultado, pero ya no quería seguir viviendo sabiendo que era una mentira la vida que estaba creando.

Quinta lección: La verdad tiene muchos niveles, puedes encontrar el inicio de la raíz, pero no es sino hasta que llegas a la punta que podrás conocerla completamente, si es que logras llegar a la punta porque hay verdades más largas y grandes que otras, verdades a las que llegas rápido y verdades que tardan décadas o incluso toda una vida para descifrar, comprender, aceptar, perdonar, soltar e integrar”.

(Mi verdad, la que no quería enfrentar, me la reservo por ahora, ya la he procesado y soltado, no siento más vergüenza por ello, las personas más cercanas a mí la conocen, pero es parte de esa intimidad que no se puede contar en un blog post, quizás más adelante en un libro sí).

Para estas alturas, yo había tomado la decisión de separarme de Gonzalo, lo amaba demasiado como para mentirme y mentirle.

No creas que él estaba en las sombras de todo lo que me pasaba. Conforme yo fui descubriendo mis pedacitos de verdad durante todos esos meses fui comentándolo con él también, para que supiera, para que fuera también parte de mi camino, es lo que para mí constituye la base de una relación de pareja exitosa, una conversación abierta, honesta y transparente, aunque pueda ser dolorosa. Al fin y al cabo, mi crisis personal generó una crisis en la pareja y le generó una crisis a él.

Mi mamá también sabía, sin grandes detalles, que algo muy profundo me estaba pasando, no se lo oculté, ella estaba muy preocupada pero solo le dije: “Confía en mí, me voy a tomar un tiempo porque lo necesito, no vamos a hablar, cuando esté lista yo te voy a decir qué me pasó”.

Y aquí vienen varias lecciones juntas:

Sexta lección: “La verdad duele, pero libera”.

Séptima lección: “La verdad no es para cobardes, entre más grande es la verdad, mayor el dolor, mayor el coraje, mayor la liberación”.

Octava lección: “Una crisis personal por más dolorosa, dura y difícil que sea debe vivirse dentro de la responsabilidad con los que tienes a tu alrededor para que te den el espacio de poder vivir tu proceso y les des el espacio que necesitan para que ellos procesen la dificultad que ven en ti, siempre habrá daño colateral, eso no se puede evitar, pero además de pedir a los demás qué te entiendan, se debe tomar en cuenta los sentimientos y reacciones de segundas y terceras personas”.

Después de ese nivel de candela en el que me metí, concluyo con mi última lección de este período: Nada mata, ni siquiera el dolor que crees que es más grande, sencillamente, nada mata”.

¿Qué tiene que ver Mi Historia – Parte II contigo?

Hoy cuando alguien me dice “es que me quiero morir”, con mucho amor le digo “muérete”, porque si eso es lo que se necesitas para que encuentres la paz que tanto anhelas, entonces deja de huirle al dolor y termina de morirte, acaba con tu sufrimiento y muere para que puedas renacer como un Ave Fénix.

Dejar morir partes de ti que están vencidas es un proceso: la muerte, las cenizas y el renacimiento.

Lamento decirte que no es tan sencillo y rápido como se ve en Harry Potter. Cada parte tiene su dificultad y desafíos, también sus recompensas.

Los tiempos de cada persona varían, solo puedo compartir los míos: 7 meses de fuego intenso, 14 meses de cenizas y un par de meses para entrar en el renacimiento, que también me costaron… por miedo, por falta de validación, así que para el 7 de abril del 2021, que fue mi cumpleaños, declaré el día oficial de mi renacimiento y todo ha cambiado hasta hoy.

¿Habrá una Parte III? Claro que sí… mientras decida seguir compartiendo mis aprendizajes con quien quiera leerme, seguiré escribiendo sobre mis procesos.

Cuéntame, ¿Cómo han sido tus procesos de Ave Fénix? Seguro que desordenados y dolorosos… 🙂

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