El Optimista Responsable

Una mañana, la madre le pide a su hijo que vaya al mercado a comprar una botella de aceite, le da el dinero y el niño sale a hacer lo que le dijeron, compra el aceite y al volver a la casa tropieza y bota la mitad de la botella, llega a la casa llorando y le dice a su madre sin parar de llorar: “Madre, no soy digno de ir a comprar tu aceite, se me ha caído la mitad del aceite”.

La madre le pide a su segundo hijo que vaya al mercado a comprar una botella de aceite, le da el dinero y el niño va, compra el aceite y al volver a la casa también tropieza y bota la mitad de la botella, llega a la casa lleno de alegría y le dice a su madre emocionado: “Madre, no sabes lo que me ha pasado, he tropezado, se me ha caído la botella y he logrado salvar la mitad del aceite que he comprado, estoy muy feliz de haber salvado la mitad.

La madre entonces le pide a su tercer hijo que vaya al mercado a comprar una botella de aceite, le da nuevamente el dinero y el niño sale a comprar el aceite y al volver a la casa tropieza y bota la mitad de la botella, llega a la casa y le dice a su madre: “Madre, he hecho lo que me pediste, compré la botella de aceite, al venir a casa he dejado caer la botella y he perdido la mitad, toma te entrego la mitad que he logrado salvar, iré al mercado en la tarde a trabajar para ganar el dinero que necesito para pagar la mitad que he derramado”.

Esta es una historia que utilizó el Buda para enseñar sobre las responsabilidades y la que escuché en el curso de Vipassana al que asistí.

Estamos en una cultura que habla mucho y que además nos ha enseñado a mirar el “vaso medio lleno” y olvidar y no darle importancia al “vaso medio vacío”.

¿Cuántas veces has querido ser optimista ante las dificultades que se te presentan en la vida?

¿Cuántas veces al día ves mensajes optimistas en Facebook?

¿Cuántas veces has sentido que por más que intentes no puedes ser optimista?

El tiempo y la experiencia me han enseñado que ni el optimismo ni el pesimismo funcionan por sí solos, ninguno de los dos te lleva a ningún lado si no le agregas la parte de responsabilidad que te corresponde.

Muchas veces me da risa (o no sé si es tristeza disfrazada de risa) cuando escucho personas que dicen “No importa, después de la tormenta sale el sol” y además cuando lo dicen sientes que están volando maripositas a su alrededor… y se lo creen.

Después de la tormenta sale el sol efectivamente, pero si no te detienes a mirar y a reflexionar sobre esa tormenta, cómo fue, por qué llegó a ti, qué la atrajo, qué hay en ti que hizo necesaria la presencia de esa tormenta en ese momento de tu vida, no vas a poder disfrutar del sol. Porque la tormenta va a seguir apareciendo hasta que aprendas la lección que tienes que aprender. Porque tu vida va a ser constantemente una tormenta.

Es tomar tu parte de responsabilidad en el asunto que te acongoja.

Hay que ser optimista, sí, claro que todo pasa, todo es un constante cambio en la vida, nada es permanente.

¿Qué significa ser un optimista responsable?

Primero, ver con claridad lo que te pasa, eliminar toda la carga emocional. Cuando dejas que tus emociones se interpongan empiezas a ver las cosas como tú crees que son y no como realmente son. ¿Cuántas veces no se ha metido tu mente en el medio de tus problemas y termina creando una maraña más grande de lo que realmente es? No solamente te estás dañando tú sino que además empiezas a dañar a todo y a todos a tu alrededor.

Si perdiste dinero o te quedaste sin trabajo o tuviste un problema con un amigo o un familiar no te puedes quedar en el problema, solamente podrás reconocer la raíz del problema cuando dejes tus sentimientos y emociones a un lado.

Cuando solamente sacas lo negativo de las circunstancias y te quedas viviendo en ello, lo único que haces es atraer más negatividad a tu vida ¡porque le das demasiada importancia a lo negativo!

Segundo, al reconocer el origen del problema debes ponerte un par de lentes que te permitan apreciar lo bueno que puedes tirar de la situación. Aquí entras en el optimismo, toda experiencia ya sea buena o no tan buena dejará siempre un aprendizaje que te impulse a crecer.

El optimismo es una herramienta maravillosa porque te devuelve la esperanza de poder restablecer el equilibrio que has perdido. Tu problema no es el fin del mundo, no eres la primera persona a la que le pasa y nadie de los que lo han vivido han muerto por ello. Y aunque no lo creas, muchas personas salieron adelante a pesar del problema, entonces si otros pudieron tú también puedes.

Tercero, cuando retiras toda la carga emocional te puedes permitir ver qué es lo que tienes al frente de ti para entonces decidir qué te sirve, con qué te vas a quedar y qué puedes a agregar a tu vida que te haga convertirte en una mejor versión de ti.

La vida es una decisión, tú decides qué hacer con lo que te toca vivir, tú decides si eso va a ser bueno para ti, si lo quieres o no.

No digo que no puedas decidir desde el primer momento, porque incluso la negatividad, el pesimismo, la queja, la víctima son también una decisión y es una decisión que tomas al no permitirte dejar tus emociones a un lado y ver el lado positivo.

Cuarto, toda decisión trae consigo una consecuencia, un desenlace en el cual va a terminar el problema que estás intentando resolver. Por lo tanto es inminente que tomes parte y te responsabilices entonces de tu decisión. Responsabilidad es lo que necesita tu vida de este punto en adelante.

Si por ejemplo, te despidieron de tu trabajo y aun así decidiste cambiar tu vida, cambiar la manera en que generas dinero o empezar un nuevo negocio, debes ser responsable con esa decisión.

Esa decisión trae consigo una consecuencia, de que quizás muchos no estén de acuerdo con lo que tú haces o quieres hacer, que quizás tengas que superar tus propios miedos de emprender. Pero independientemente de todos los factores externos e internos que se te puedan presentar en el camino debes ser responsable de llevar a cabo la decisión que tomaste.

Si por el contrario tú decidiste el sufrimiento para tu vida, eso trae una consecuencia y es que probablemente no vas a estar alineado con personas de éxito y tú claramente nunca vas a ser una persona de éxito.

Al final del túnel siempre hay luz pero no sirve que te la pases hablando de la luz que vendrá si no haces nada para avanzar a hacia esa luz y esto va directamente a las personas que se la pasan publicando mensajes bonitos en Facebook y no hacen nada con sus vidas.

No es solamente ser optimista para que los demás crean que eres maravilloso porque hablas palabras bonitas… Es ser optimista y responsable de todo lo que dices.

¡Empieza ahora! ¿Eres optimista responsable? ¿Qué dificultades se te presentan en el camino y cómo las podrías superar?

Compárteme con tus amig@s

Tipos de Lecciones